sábado, febrero 06, 2010

Yongo del tabique a la viejita, va por su curul

Este año es como cualquier año electoral, un espacio de tiempo donde la vaina más espectacular y extraña puede pasar, por lo que visualizar un mojón con lentes fumando un cigarro en una esquina, no debe ser objeto de nuestra sorpresa.

Sin embargo, más allá de la expectativa de la época que nos prepara para la elección una nueva Asamblea Nacional, es también posible caer en los lugares comunes que la política carnavalesca siempre nos deja. Hay estilos que han sobrevividos las grandes décadas y sus modas estrafalarias, de los Beatles a Salserin y ahora al sandungueo han pasado muchos años, pero los clichés de la aspiración por un cargo de elección popular están intactos.

En Venezuela, los principales promotores de la campaña típica, fueron los Adecos, seguidos muy de cerca por los Copeyanos, mientras que el resto, tratando de hacer una campaña más “distinta”, no lograron alcanzar los mismos objetivos que los primeros. Por ejemplo, el MAS no hacia esas campañas y nunca logró nada trascendental en su historia.

Durante cuarenta años, blancos y verdes basaron sus campañas electorales en la misma estructura de salir el candidato dándole la mano a cuanto cristiano estuviera por ahí, caminando con el puño alzado en medio de una multitud (que muchas veces era simplemente una repetición de fotos para hacer el efecto de masa), pero lo más cumbre, era aparecer besando a un carajito cualquiera del lumpen o abrazando a una viejita de esas que de vaina caminan.

Ejemplos tangibles de eso fueron las campañas de Carlos Andrés Pérez, en particular la de su primera presidencia, donde el tipo saltaba un charco de barro entre un montón de gente. A esto lo acompañaba un pegajoso “single” de Chelique Sarabia que rezaba “ese hombre si camina, va de frente y da la cara” donde la imagen del gocho saltando el charco fulminaba cualquier pretensión de los demás candidatos de la época.

De igual forma, Eduardo Fernández, “El Tigre” en su aspiración del año 1988 justo frente a CAP, intento una cosa mucho más temeraria. Se atrevió a ir a un cerro (no recuerdo cual) a pasar una noche en un rancho en un lugar inhóspito de Caracas (considerando que el tipo era un estirado del este capitalino) y acompañó a esa familia a comer “Corn Flakes” sin leche para la cena.

La vaina parece que no salió nada bien, porque el Tigre no ganó, y hay quien lo atribuye a que Eduardo fue muy mal actor, mientras que otros señalan que el gesto más indicado que podía haber hecho para generar un impacto positivo era llevarse un pernil para compartirlo con sus desafortunados anfitriones (recuerden que en esa época, un muslo de pollo era una vaina arrecha y la gente lo único parecido a la carne que podía comprar era mortadela con pelotas de grasa y en su defecto “carne de almuerzo” en lata). Otros más extremistas piensan que los asesores del tigre podían hacer la vaina más catastrófica y en vez de cereal gringo, podían haberlos puesto a comer perrarina, pero eso contradecía la condición felina de Fernández.

Quizás el único ser que ha logrado tener una campaña diferente es Chávez, porque su primera campaña no la hizo él, sino que se la hizo la oposición al decir que si la Revolución llegaba al gobierno, les freirían a los Adecos la cabeza en aceite.

Ciertamente he visto imágenes que se han hecho posteriores a los periodos electorales de Chávez que lo muestran abrazando viejitas y con algún carajito, pero el peo ahí es que el comandante es así, se le acerca a la gente sin tanta planificación del momento, allá los fotógrafos y camarógrafos si tienen chance de tomar esas gráficas.

Pero volviendo al punto que quiero llegar, es de hacer destacar que esa especie de “manual del adeco en campaña” es como el mesmesemo Connor MacLeod, el tipo de la película “Los Inmortales”, que no muere a menos que alguien le decapite, pero parece que nadie se atreve a hacerlo.

Los casos más recientes del uso de este manual nos llevan a mi gran amigo, el Filosofo Manuel Rosales, quien en 2006, cuando osó aspirar a ser el Presidente de la República, salió con la foto de su viejita besándole en la frente, mientras el muy angelical, ponía esas manitas con las que se robo todo los reales que pudo del Zulia, como las ponen las niñas vírgenes cuando le sacan las fotos de sus quince años (já, que pose mas farsante – en ambos casos).

Luego Antonio Ledezma aplicó una estrategia idéntica, tanto en su campaña para la alcaldía metropolitana, como cuando le quitaron competencias para transferirlas al Gobierno del Distrito Capital. Ahí, Ledezma se buscó a sus buenos amigos los adecos, para que le sacaran pancartas que dijeran “Chávez (maluco): Déjalo Trabajar”. En la misma, aparecía abrazando a una de esas viejitas igual de inmortales que Connor.

Pero para una época más al hoy, un símbolo de la lucha de una generación estúpida ha decido hacerse prolongador de la vigencia de dicho manual. Hablamos nada más y nada menos que de Yon Goicoechea (o como se escriba el apellido de ese marico).

“Yongo” como lo llaman en sus círculos muy íntimos, sus amigos y enemigos, ha sacado los colmillos sin mucha güevonada, y viene por su segundo premio (el primero fue el medio melón de dólares que nadie sabe en qué coño se los gastó) a la labor política que hizo a favor de Globovisión (la oposición en Venezuela a ciencia cierta no existe, quien existe es Alberto Federico Ravell y su blackberry, que le tira señas a la bola de pendejos que vemos declarando por ahí).

Las ambiciones del yerno de un tipo con real (es decir, Yongo) no son nada pendejas como las de Freddy Guevara, que se metió a Concejal Metropolitano, sino que el tarajayo que todos conocimos como estudiante de la UCAB y que no aspiraba a nada en este país, ahora quiere tener su propio curul en la Asamblea Nacional y desde ya comenzó a trabajar para garantizarse su “impunidad parlamentaria” (la inmunidad pasa a ser el escudo de un delincuente cuando la posee un escuálido).

El niño del tabique de acero, se fue sin vergüenza a buscar su ejemplar del “manual del adeco en campaña” para adaptarlo a su posición de Yupi en Primero Justicia, y hoy, nos mostró la impelable foto de el candidato con la viejita, tomando sus manos cansadas por los días de vida que le han tocado, mientras él pone cara de pendejo que comprende aquello y de verga llora.



También están otras fotos de guión, como la del tipo trabajador que saluda a Yongo, y la de las personas que pareciera que lo escuchan mientras el pone sus manos en pose de bondadoso profeta bíblico, que no es otra que con las palmas hacia arriba al nivel de la lipa.



Las caras que pone Yongo en estas fotos, contrastan radicalmente con las que tenía en las protestas del 2007, o como le metieron la cachetada más apocalíptica del mundo que le pulverizó el tabique, aunque se le volvió a regenerar en pocos minutos (debe ser que tiene ADN de X’s Men o del hombre elástico de los cuatro fantásticos).





Sin embargo, hay que ver si Yongo se consigue su eslogan al estilo de Chelique, para que todo esté completo. Le hare seguimiento a este ser, que no podía irse por la más fácil, y elegir un sector altamente escuálido, como lo son los Altos mirandinos.

1 comentario:

Okrim Opina dijo...

¡Jaja, excelente artículo! Y una gran lección de historia.

Qué bueno que haya regresado al mundo bloggerístico camarada, espero hacer lo mismo pronto.

Saludos!