viernes, noviembre 18, 2005

Anderson II: ¡Así no se mata a un hombre!

Continuando mi relato anterior, no se cuantas veces me desperté en esa madrugada, y no era por incomodidad de la cama. Estaba pendiente de levantarme a las 5 de la madrugada para tomar alguno de los primeros autobuses y llegar a Caracas. El camino por la autopista me desesperaba. Mi celular se había tirado tres con la batería.

Mi amada me había escrito un mensaje, que apenas pude leer. Estaba igual de frustrada que yo. Me quede en una parte de la autopista, y de allí pase un caminito hasta la avenida cercana, desde donde tome el carro hasta la casa, le dije a mi viejo, quien ha tenido una posición muy light en esta vaina "Mire, y usted dice que hay que darle espacios", no me respondió, y rápidamente me fui al trabajo. El taxi sintonizaba RNV, y el hombre del taxi me dijo: “Ese tipo se descuido y les facilitó el trabajo a sus sicarios”. Las muchachas llegaron también temprano, había que redactar mucho ese día, lo que significaba un cambio radical al anterior.

Estaban deprimidas, todas con sus peculiares características. Mariana estaba inquieta, ahogada en un mar de arrechera. Erika, la traductora, estaba que lloraba, y solía preguntar una y otra vez, “¿Quién será tan criminal?” y Valentina, más centrada, se mostraba su enorme molestia. Jesse Chacón, salió en horas de la mañana a confirmar que el cadáver que estaba en el vehículo, era el del fiscal Anderson.

La jefa llamó y pidió que me llevara a una de las redactoras a tomar reacciones del asunto y hacer fotografías en la capilla ardiente que se instalaría en la sede del Ministerio Público. La traductora se quiso ir conmigo y no me atreví a decirle que no. Me fui en taxi hasta Parque Carabobo, allí había una multitud con pancartas, y lleno de sentimientos encontrados. Hubo tanta gente que la plaza estaba repleta.

En otro punto de la ciudad, a puertas cerradas, los familiares salían de la funeraria donde rindieron un homenaje íntimo. Una escolta de motorizados y dirigentes populares se encargaron de escoltar el féretro. Mientras esperaba la entrada del carro por la avenida México, un pana de los medios alternativos me comentó “Verga Carlos, los escuálidos dicen que la vaina es un montaje, y que tienen a Danilo en Cuba haciéndose cirugía plástica” una señora que escuchaba contestó indignada “Esos coños de madre no le arriman una al pueblo, todas las quieren ganar ellos, ya ni con el muerto al frente se atreven a admitir que son unos fascistas”; le respondí “bueno doña, si yo cubrí el caso Daktarí y vimos sacar a un muerto descompuesto de una zanja a la mitad de un valle espantoso a 3 kilómetros de la carretera más cercana, y el jalabolas de David Pérez Hansen le preguntó al comisario de la PTJ que si no se trataba de un montaje”.

Vimos en eso entrar el vehiculo, a lo lejos, la guardia custodiaba la concentración, y nadie podía pasar, pero con mi chaleco de Reportero, logre llegar al sitio donde estaban sacando el féretro para llevarlo en hombros hasta la Fiscalía. Han sido una de mis fotos más famosas, aunque hubiera preferido que permanecieran en ese record otras.

La avenida Universidad, frente al liceo Andrés Bello, estaba repleta de personas llorando. No habían nunca hablado con Danilo, pero era el único carajo con bolas en este país que se atrevió a llevarle la contraria a los golpistas en nombre de la más pura ley. Una urna con una bandera que alguien arrojó desde los costados, que apenas cubría la punta, fue el más bonito homenaje a este mártir de su propia valentía. Yo iba adelante, tomando fotografías y fue cuando apareció el palangrismo con sus cámaras. Pretendían tapar a los fotógrafos alternativos con sus cámaras enormes; pero no nos la calamos. Me puse del lado de mis colegas de siempre, los que le echan pichón por pasión a la verdad y nos atravesamos adelante. Una mirada tierna estaba en la multitud sin poderme abrazar, solo la escuche decirme que tuviera cuidado.

En el lateral de la Fiscalía, nos pusieron un área para periodistas, delimitada por parte de los Guardias Nacionales. La urna entró al edificio y afuera se armó el peo. “¡ASESINOS!” fue lo más amable que les dijeron a los periodistas de medios privados. Una de estas niñas bellas que pueden decir que están realizadas porque se hicieron las tetas de goma y trabajan en un canal de noticias, le contestó a una doña “¿Y usted me vio a mi matándolo?” y soltó la señora por allá “Lo quisieron matar moralmente y ahora allí está su cuerpo, ¿para que vinieron?” y entre periodistas se formó una discusión a lo que le mencioné a un colega alternativo “Como dijo Alí que hacían con Bolívar en el Panteón: Vienen a ver que está bien muerto” y no se trataba de una exageración, pues bien temprano, el baruteño alcalde de Primero Justicia, Capriles Radonsky se acercó a la morgue de Bello Monte, porque el tenía que ver el cadáver para estar seguro. Hay gente rata.

Al rato, se instaló la capilla ardiente; la cola era interminable, y los familiares estaban cerca, pasando su dolor, cuando de repente una mujer sencilla, familia de Anderson, en su mar de lágrimas, se recostó de mi hombro, solo balbuceando “¿por qué?”. No sabía que decir, pues era la situación más extrema. Solo le recosté la mano de la espalda y le dije “Dios sabrá porque tienen tanto odio”, ella me miró a la cara y se acercó a un familiar que estaba llegando. No estoy seguro si era Lourdes Anderson, pero el dolor de ellos era uno solo. Me acerque a fotografiar la cola y un señor mayor me preguntó “Mijo, dígame usted que está parado cerca de esas plagas que trabajan para las jineteras, ¿que piensa de todo esto?”, sin pensarlo mucho le solté esto “Así no se mata a un hombre”. El hombre solo exclamó “¡Coño!” se volteó y comenzó a vociferar “Así no se mata a un hombre, Así no se mata a un héroe”. Lo corearon como por 20 minutos.

Me obstine de estar rodeado de farsantes con micrófono. Busque a la redactora y regresamos al trabajo en taxi. Redacte tal vez la nota que más dolor tenía en mi tintero. Se acababa el día, y la gente seguía llegando a donde estaba Danilo, para llevarlo a la Asamblea Nacional. Vendría la cadena del Presidente, quien calmó al país, y nos pidió fortaleza. No estaba fácil, pero nos elevó otra vez la moral.

2 comentarios:

mary dijo...

ha leer tus articulos no pude evitar llorar el recodar como lo mataron de esa manera tan vil, lo que pido es que los culpables de su muerte sean indentificados y le caiga todo el peso de la ley. Yo lo acompañe la noche de su velorio y el dia siguiente.. fue algo muy doloroso...

DANILO ANDERSON ---- siempre vivira en nuestros corazones.

RUBEN dijo...

Camarada creo que por fin se hará justicia en este pais y los asesinos cobardes de Danilo pagarán y como siempre dijo el Fiscal Valiente "En este país no deben haber intocables". Honor y gloria a tan insigne camarada!!!!!!!