domingo, agosto 21, 2005

Chávez y Fidel en "Aló Presidente"

Escuálidos, ¡Huyan!, ¡Chávez y Fidel juntos!

Aló Presidente 231, domingo 21 de agosto de 2005. Un escualidito que aun conserva en su pared un afiche que dice “Con el paro Chávez se va, ¡Ni un paso atrás!”, luego de un sábado de parranda donde se bebió como medio millón de bolívares en aguardiente, porque carga un malestar en el cuerpo porque la cosa es difícil, por culpa del gobierno, despierta a las 10 de la mañana, ya que su televisor se prendió con el reloj automático.

Usualmente el decodificador del cable, esta sintonizado en Mtv, sino en Animax, depende del día; pero en esta mañana, no fue así. Alguna causa misteriosa, hizo que el decodificador estuviera en el canal ese que hasta hace poco funcionó con maquinas que en lugar de electricidad, empleaban Diesel, y que ahora tiene una dona como logotipo.

Si, era Venezolana de Televisión. El joven escualiducho de figura lamentable, pegando la cara de la almohada, distingue la identificación sonora de su enemigo audiovisual (o sea, el Canal del Estado). Pero una voz lo hizo incorporarse de forma abrupta. Por su mente paso la siguiente frase: “Esa voz es del tirano ese de Miraflores”. Sin embargo, no estaba preparado para afrontar la otra sorpresa que se avecinaba, ya que por más que había sido cogido “fuera de base”, era común que Chávez hablara los domingos, lo extraño era que su televisor sintonizara ese “canal infame y mentiroso”.

Volviendo a pegar la cara a la almohada mientras buscaba con la mano errática el control remoto por el piso, una voz suave hizo un estruendo en su habitación. El joven de cuyo nombre el mismo no pudo acordarse, se cayó de la cama y con el rostro desfigurado del horror, observó la pantalla de tal manera, que cualquiera pensaría que estaba presenciando el holocausto “vía satélite”, y tal vez, para la estreches conceptual de un escuálido, así es.

El joven sin poder gritar del espanto, miró que en su televisor de Plasma, que le costó una millonada al Padre, estaban juntos y sonrientes Hugo Chávez y Fidel Castro. Consideró que había que advertir a la población del país, porque de un momento a otro, establecerían una cadena nacional para enviar señales codificadas que hipnotizaran al país y los volverán a todos “castrocomunistas”.

Al poder emitir algún sonido, salieron de su garganta gritos de desesperación, donde solo se le entendía que había que huir a Miami. En eso, su hermano menor, calmado y sereno, entró al cuarto, le dio par de bofetadas, y le dijo simplemente: “Si hubieras ido conmigo al festival mundial de la juventud, seguro habrías comprendido que hay gente distinta que hace cosas mejores y más constructivas que los que compran en el Sambil.”

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